Cuando trabajar es un placer I
Hoy me he dado cuenta de lo que me gusta trabajar. Noooo, tranqui no me he tomado ningún tripi ni nada de eso. Es solo que he pensado en lo divertido que es, como lo de viajar en metro? pero para todo el día (al final fui a Génova y ya me lo dejaron claro).
El trabajo es divertido porque primero tienes que llegar. Si vas en transporte público, ya sabes, la gymkhana del metro de la que ya os he hablado. Si vas en coche, Gallardón ha tenido la consideración de hacer un parque temático que ocupa todo Madrid para evitar agravios comparativos y te sientas en igualdad de condiciones que los que vamos en metro. Así que tú te levantas muy trempanito, muy trempanito, que eso es muy bueno para que te cunda el día, que si no te levantarías a las tantas y no te daría tiempo a hacer nada.
Lo dicho, te levantas y lo primero que tienes que hacer es decidir qué ponerte hoy. Para evitar rutinas, que nos acabamos aburriendo de todo, ay que ver como somos, las empresas han inventado el microclima oficinil que consiste en que nunca sabes qué temperatura hará hoy en la ofi y en su defecto si esta será constante o variable a lo largo de todo el día. Así que, lo de decidir qué ponerte tiene su aquel. Tu que eres aún más imaginativa que los de las empresas has inventado la moda cebolla que consiste en ponerte una camisa de tirantes (e incluso un sujetador bonito por si la temperatura acabara u acabase siendo asfixiante), camiseta de manga corta, camisa de manga larga, jersey de pico, jersey de cuello vuelto, una chaquetita de lana, el abrigo y el foulard, por si acaso hoy toca que los pingüinos vengan de excursión.
Como tardaste tanto en elegir la ropa, se te echó el tiempo encima y empieza la carrera de obstáculos con la musiquita esta de las pruebas del un, dos, tres de fondo: dindondiro dirodindondindo? "Señoras y señores: En la pista centraaaaaal lo nunca visto, el más difícil todavía. Krazykat, lavándose la cara con una mano, mientras con la otra se toma el café, se lava los dientes y recoge el pijamaaaaa. Hace la cama mientras se echa el rimel, y se pone los pendientes mientras se calzaaaaaaa. En un golpe de efecto de lo más arriesgado, abre la puerta con el codo porque se esta poniendo el abrigo y el foulard y todavía sujeta un cacho de bollo con la boca, echa la llave, baja las escaleras corriendo mientras busca en el bolso el abono transporte. Lo ha conseguidooooo". Sales a la calle, miras el reloj. Mierda, tarde otra vez.
Bueno, por fin llegas, te sientas en el vagón o en el coche, respiras hondo, y te dispones a pasártelo pipa la siguiente hora o dos horas en la montaña rusa de la m-30 o en las escaleras automáticas de la estación.

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