20 febrero 2007

Eres culpable II

Sí, era el dueño del mundo y él lo sabía. Se miraba en todos los espejos, sacando pecho, para lucir las medallas y las condecoraciones que nadie sabía donde había ganado porque nunca fue militar. Le encantaba verse tan grande, tan importante, saber que así le veían los hombres, las mujeres, los niños, los perros... Saber que si él decía sí, todos habrían de asentir con la cabeza, y si decía no, todos temblaban de miedo porque habían metido la pata, y eso se pagaba con la horca como poco. Si él se levantaba una mañana y ordenaba “¡Que se quemen todas las bibliotecas!”, el atardecer se teñía de hogueras sangrientas alimentadas por miles de libros que escupían letras de rabia por entre sus páginas. Si por la noche, antes de acostarse, gritaba “¡Que hagan bibliotecas nuevas!”, antes del amanecer se habían construido elegantes edificios llenos de libros, perfectamente ordenados en preciosas estanterías de mármol de Carrara. Si un día vociferaba:” ¡Que haya guerra!”, la guerra se extendía por cada calle, por cada nube, por cada piedra. Y un día, lo gritó. Y hubo guerra.

Esa mañana, el cielo engriseció, con millones de semblantes enfadados de hombres contra hombres, hombres contra mujeres, ciudadanos contra extranjeros, lo horrendo contra lo bello, lo viejo contra lo joven, lo paupérrimo contra lo opulento… o ¿era todo horrendo, todo viejo y todo pobre?

Hileras de cientos, de miles, de millones de jóvenes, casi niños, salían de sus casas como hormigas del hormiguero los días que amenazan lluvia. Iban a una guerra que se habían llevado fuera del mundo, para que su ruido no ensordeciera los oídos de la gente que seguía inmersa en los sonidos de unas ciudades que trabajan, bullen, viven. Para que su olor a niños muertos no se impusiera sobre los olores a contaminación de esta nueva vida. Para que sus salpicaduras de sangre no tocaran ni las vidas ni las conciencias de todos los que sabían que había guerra y no hicieron nada.

Y cada uno de esos cientos, miles, millones de hormigas que no iban a buscar comida para una tarde de lluvia, sino a defender esa patria abstracta, absurda, vestida de banderas y fronteras en los mapas de papel y amenazada por enemigos inexistentes, se despedían de sus madres, hermanas y esposas con la cabeza alta llena de orgullo, mientras a ellas sólo les quedaban lágrimas conteniendo la pena y el miedo. Y ellos fueron a la guerra. Y lucharon. Y pasaron miedo. Y mataron. Y murieron. Murieron los soldados de unos y los soldados de otros. Las madres, hermanas y esposas de ambos lados dejaron de contener las lágrimas para gritar de rabia:¿POR QUÉ? Todas lo gritaban en el mismo idioma, desde lo más profundo del alma, desde esa parte de nuestro ser que no necesita idiomas para hablar, porque todos lo entienden, da igual de qué parte del mundo seas.


Entretanto, el dueño del mundo seguía quemando y construyendo bibliotecas y mirándose en los espejos luciendo las medallas que nunca luchó, mientras enviaba otras medallas a las madres, esposas y hermanas envueltas en banderas relucientes junto con telegramas que decían: “Lo siento. Stop. Su hijo dio la vida por la patria. Stop. Siéntase orgullosa. Stop ¡Viva la patria! Stop ¡Viva yo!

Y las madres, hermanas y esposas contestaban gritando con el alma, como si fueran una sola, enfrente de su palacio esperando que él las oyera, pero él sólo se miraba en los espejos de su casa de grandes ladrillos de piedra. Y ellas querían que él parara aquello, pero él sólo seguía maquinando horrores nuevos. Nuevas formas de tortura, nuevas leyes bajo pena de muerte, nuevos tipos de armas, nuevas estrategias de guerra. Porque el seguía queriendo la guerra. Con ella, las fábricas de metal para armas ganaban dinero, daban trabajo; las petroleras tenían petróleo más barato, ganaban dinero, daban trabajo; la bolsa caía, otras empresas se arruinaban, pedían dinero a los bancos, que ganaban dinero, que daban trabajo. Y él se empalmaba de poder porque el único que tenía en su mano el destino de todo aquello, era él.

(continuará, si queréis)

5 Comentarios:

At 15:28, Anonymous Anónimo dijo...

Por Favor continua... quiero reguir leyendote!

Me gusta mucho lo que escribes.

 
At 15:31, Anonymous Anónimo dijo...

Chicas, Gracia spor incorporar mi blog a su pagina.

Gracias...

Vamos estoy anciosa por seguir leyendo.

 
At 15:32, Anonymous Anónimo dijo...

Disculpen me olvide de firmar el anterior mensaje.

 
At 18:07, Anonymous Anónimo dijo...

jajaaj, que simpatica eres Caro. Me alegro de que te guste, colgaré el resto en proximos dias para ir generando expectativas jejejje. Sorry, soy un poco cruel. Besitos madrileños

 
At 19:04, Anonymous Anónimo dijo...

Ohhh que sera de mi todos estos días!
Mi ansiedad me matara.
jajajaj y bue tendre que esperar.

Un Fuerte Abraso
Arg. Baires 15:10

 

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