Eres culpable III
En la tranquilidad de sus espejos y sus medallas, en su casa de piedra, uno de aquellos tristes días de guerra recibió él también un telegrama, envuelto junto con una bandera y una medalla, esta vez ensangrentadas. Sólo decía: “Eres culpable”. Lo miró bien, no tenía remite, así que lo arrugó de un manotazo y lo encestó en la papelera. Siguió paseando por sus pasillos llenos de espejos pavoneándose, mandando y horrorizando como cada día. A la hora, un mensajero se acercó con un nuevo telegrama. Esta vez sin medalla. Esta vez sin bandera. Pero el contenido era idéntico al anterior. Sólo decía: “Eres culpable”. No le dio mayor importancia, volvió a arrugarlo e intentó encestar, pero esta vez el papelillo no entró en la papelera. Ni se molestó en recogerlo de la alfombra. En su calma habitual de cada día estaba cuando, transcurrida otra hora, llegó un nuevo telegrama. Sólo decía: “Eres culpable”. La cancioncita de los telegramas le empezó a hacer gracia. Debía ser alguna broma, aunque anda que no se estaban tomando molestias con tanto telegrama para no decir nada. Sin embargo, la broma no debía ser tal. Cada hora, puntuales como las campanadas de un reloj de iglesia, estuvo recibiendo durante días telegramas idénticos que sólo decían: “Eres culpable”. La papelera no podía soportar más bolas de papel arrugado. Él tampoco. Cada vez que llamaba el mensajero gritando ¡Telegrama! una sacudida nerviosa azotaba su columna vertebral. Se levantaba de la butaca extendiendo su enorme manaza cansada mientras en su cara se dibujaba una mueca. No se atrevía a tirarlos sin leer, por si alguno de ellos decía algo diferente y conseguía entender qué ocurría. ¿De qué era culpable? ¿Quién le acusaba? Él nunca había hecho nada que no tuviera que hacer. Todo por la patria. Con dos cojones.
No era la primera vez que recibía cartas alabando su gloria, algunas suplicando una clemencia o incluso alguna amenazante. Pero nunca nadie había sido tan insistente. Un telegrama cada hora. Quienquiera que fuera quería ponerle nervioso… y lo estaba consiguiendo. Si alguien te cree culpable de algo es que clama venganza. Alguien le odiaba y quería hacerle daño, no sabía muy bien quién era pero estaba cerca, podía olerlo. Obsesionado, miraba alrededor, ¿quién sería el dueño de aquellas palabras? Se pasaba el día sospechando de cada persona, animal o cosa en un estado permanente que mezclaba el miedo con la ira. Cada vez que escuchaba un ruido se sobresaltaba como si estuviese esperando oír el disparo final que acabaría con su vida. Una luz demasiado fuerte le amilanaba porque le hacía pensar en explosiones, mientras que la oscuridad le provocaba un extraño pavor infantil. No hablaba con nadie porque sabía que todos estaban implicados…si tuviera el valor de asesinarlos a todos con sus propias manos... No se atrevía a comer, ni a dormir, ni a joder, no fuera a ser que alguien le pillara de espaldas, desprevenido. Después de tantos años sembrando el pánico a su alrededor por primera vez sabía lo que era sentir miedo.
(continuará, gracias Caro por los ánimos)

3 Comentarios:
De nada niña.
Te cuento lo que me paso mientras que leia tu escrito, sentia bronca, miedo,inseguridad, injusticia, la nececsidad de hacer algo para que esto se termine de maldita vez; ayer en un diario local de aca "Diario Clarín" (www.clarin.com.ar), salió una nota contando que los EEUU envió mas tropas a la guerra.
Ahora yo me pregunto, ¿Hasta cuando seguiran con todo esto?, ¿Donde se encuetran los tratados de paz?
Bueno, que no decaiga, quiero seguir leyendote.
Saludos a todos desde Arg - Baires
10:53am
guau!!! voy a colgar el resto ya!
bueno, según yo lo veo, las preguntas son: ¿hasta cuando seguiré con todo esto? ¿cuando seré capaz de no necesitar lo que ellos me venden? ¿cuando seré capaz de ver que la cuestión es cuantas vidas cuesta mi nivel de vida?
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