Viaje a NY 4ª parte

El viernes decidimos que se acabaron las prisas, lo único que tenemos que hacer es pasear. Y lo hacemos, menuda paliza. Cogemos el metro hasta el City Hall y desde allí subimos por Mulberry Street para cruzar Chinatown. Realmente es como viajar a Pekín, y sorprendentemente descubrimos una funeraria. Debe ser que los chinos, a pesar de lo que dicen, sí que se entierran. Seguimos por esa calle y de repente no vemos más que restaurantes de pasta. Estamos en Little Italy, dicen que casi ha desaparecido sin embargo aún queda un poquito del ambiente italiano. A la izquierda, cuando cruzamos Canal ST, dejamos los puestos de imitaciones de bolsos y relojes. La otra vez que estuve aquí sí que lo vi y compré un bolso falso a una china muy misteriosa que nos subió a una tienda clandestina en un segundo piso y no hacía mas que gritar “Come on, come on, police, police”. Un “dior” por treinta dolares.
Seguimos paseando y bajamos por Bowery, la trastienda de Chinatown y Little Italy donde se venden todos los achiperres para los 13000 restaurantes que hay en esta ciudad. Se vende de todo: sillas, cámaras frigoríficas, sartenes… Y por supuesto no todo nuevo, con lo que se puede ver a algún chino raspando la grasa de un horno que vivió mejores tiempos.
Volvemos a subir por la Lafayette, con sus tiendecitas hippies y acabamos en el Flatiron. Comemos en Gramercy Tavern. El más recomendable de todos. Un sitio elegante (pone vestimenta adecuada pero nosotros ibamos en vaqueros y zapatillas y no nos dijeron nada), con una comida riquísima, no excesivamente caro y un servicio excelente. Dos camareros muy simpáticos y atentos que nos trataron fenomenal. Nos reseteamos.
Seguimos por la sexta y la zona gay, y después por Bleecker. Es una calle muy larga que tiene un poco de todo pero la zona curiosa es la zona de la sexta. Es la zona de marcha para los universitarios con muchas cervecerías y unos edificios de viviendas muy chulos. Seguimos por Bleecker hasta Broadway, en la zona de las tiendas del Soho. Otra vez de compras. Por segunda vez me quedo sin ver el interior de la tienda de Prada. Tendré que volver. Nos volvemos a quedar sin cenar, pero nos lo hemos comprado todo.
**********
Madrugamos un poco y vamos al Rockefeller. Hemos visto la ciudad desde el Empire State de noche, ahora la queremos ver de día. Subimos al Top of the Rock, y nos quedamos de nuevo tontos con las vistas. No sé qué me gusta más si ver la ciudad de día o de noche. Creo que es obligatorio hacer las dos cosas. Lástima que desde aquí no se ve el Chrysler, el edificio más bonito de toda la ciudad. Quizás por eso sería mejor hacerlo al revés. De día al Empire y de noche al Rock.
Después del Rockefeller vemos la Biblioteca, es como el cole de Harry Potter, de madera con una luz muy agradable y le incita a uno a estudiar. Creo que te puedes hacer el carnet en el momento para coger un libro. La entrada y el Wi-fi son gratis.
Aun es temprano, cogemos el tren del río Hudson y nos vamos a Cold Spring. Cuanta agua tiene ese río, es increíble. En un par de horas estamos allí, el viaje es muy agradable y el pueblo encantador. Comemos en un bar en West Street (lo siento no consigo acordarme del nombre) con unas vistas preciosas, en una especie de casa colonial con comida muy rica y servicio superatento otra vez. Nos estamos acostumbrando a unos camareros tan tan amables, ya veremos qué pasa cuando demos con uno borde en España. Joebey nos cuenta que lo que vemos al otro lado del río es Westpoint, la famosa academia militar de Oficial y Caballero, y que en parte gracias a ella, el pueblo sobrevive. Al otro lado del monte están las fábricas. Es un pueblo pequeño pero hay más iglesias que casas. Eso sí no hay dos repetidas: que si baptista, que si episcopaliana, que si católica… para todos los gustos. Mansiones, gente saliendo de misa saludando al pastor y ni una persona negra.
Volvemos a Manhattan pero por el camino casi nos morimos de la risa. El conductor tiene el día tonto y se pasa el viaje anunciando las paradas con rimas y chistes. Cuando llegamos a la estación no nos deja bajar porque dice que las puertas se han atascado y no tiene control sobre ellas. Están locos estos americanos. Por tercera vez, nos quedamos sin cenar.
Seguimos paseando y bajamos por Bowery, la trastienda de Chinatown y Little Italy donde se venden todos los achiperres para los 13000 restaurantes que hay en esta ciudad. Se vende de todo: sillas, cámaras frigoríficas, sartenes… Y por supuesto no todo nuevo, con lo que se puede ver a algún chino raspando la grasa de un horno que vivió mejores tiempos.
Volvemos a subir por la Lafayette, con sus tiendecitas hippies y acabamos en el Flatiron. Comemos en Gramercy Tavern. El más recomendable de todos. Un sitio elegante (pone vestimenta adecuada pero nosotros ibamos en vaqueros y zapatillas y no nos dijeron nada), con una comida riquísima, no excesivamente caro y un servicio excelente. Dos camareros muy simpáticos y atentos que nos trataron fenomenal. Nos reseteamos.
Seguimos por la sexta y la zona gay, y después por Bleecker. Es una calle muy larga que tiene un poco de todo pero la zona curiosa es la zona de la sexta. Es la zona de marcha para los universitarios con muchas cervecerías y unos edificios de viviendas muy chulos. Seguimos por Bleecker hasta Broadway, en la zona de las tiendas del Soho. Otra vez de compras. Por segunda vez me quedo sin ver el interior de la tienda de Prada. Tendré que volver. Nos volvemos a quedar sin cenar, pero nos lo hemos comprado todo.
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Madrugamos un poco y vamos al Rockefeller. Hemos visto la ciudad desde el Empire State de noche, ahora la queremos ver de día. Subimos al Top of the Rock, y nos quedamos de nuevo tontos con las vistas. No sé qué me gusta más si ver la ciudad de día o de noche. Creo que es obligatorio hacer las dos cosas. Lástima que desde aquí no se ve el Chrysler, el edificio más bonito de toda la ciudad. Quizás por eso sería mejor hacerlo al revés. De día al Empire y de noche al Rock.
Después del Rockefeller vemos la Biblioteca, es como el cole de Harry Potter, de madera con una luz muy agradable y le incita a uno a estudiar. Creo que te puedes hacer el carnet en el momento para coger un libro. La entrada y el Wi-fi son gratis.
Aun es temprano, cogemos el tren del río Hudson y nos vamos a Cold Spring. Cuanta agua tiene ese río, es increíble. En un par de horas estamos allí, el viaje es muy agradable y el pueblo encantador. Comemos en un bar en West Street (lo siento no consigo acordarme del nombre) con unas vistas preciosas, en una especie de casa colonial con comida muy rica y servicio superatento otra vez. Nos estamos acostumbrando a unos camareros tan tan amables, ya veremos qué pasa cuando demos con uno borde en España. Joebey nos cuenta que lo que vemos al otro lado del río es Westpoint, la famosa academia militar de Oficial y Caballero, y que en parte gracias a ella, el pueblo sobrevive. Al otro lado del monte están las fábricas. Es un pueblo pequeño pero hay más iglesias que casas. Eso sí no hay dos repetidas: que si baptista, que si episcopaliana, que si católica… para todos los gustos. Mansiones, gente saliendo de misa saludando al pastor y ni una persona negra.
Volvemos a Manhattan pero por el camino casi nos morimos de la risa. El conductor tiene el día tonto y se pasa el viaje anunciando las paradas con rimas y chistes. Cuando llegamos a la estación no nos deja bajar porque dice que las puertas se han atascado y no tiene control sobre ellas. Están locos estos americanos. Por tercera vez, nos quedamos sin cenar.

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